Antes de contratar · Lectura de 7 minutos

Web barata: siete cosas que mirar antes de pagar.

Una web de 400 € y una de 4.000 € pueden verse casi igual en la pantalla del móvil. La diferencia está en siete sitios concretos, y ninguno de ellos es el diseño. Esta es la lista para revisarlos mientras todavía estás a tiempo de preguntar.

Libreta abierta con una pluma y unas gafas encima de una mesa

Barato no es sinónimo de malo. Lo que sí es sinónimo de malo es no saber qué te están recortando. Estas siete preguntas se responden en un correo, y las respuestas te dicen más del presupuesto que el precio.

Si de las siete respuestas solo puedes conseguir una, que sea la del dominio. Todo lo demás se rehace; un dominio a nombre de otro es lo único que puede dejarte sin nada.

1. ¿A nombre de quién queda el dominio?

Es la única pregunta cuya mala respuesta no tiene arreglo barato. Si el dominio está registrado a nombre de quien te hace la web, el día que queráis separaros la conversación no es técnica, es una negociación. Pide que se registre con tu nombre y tu correo, y comprueba que el correo de renovación te llega a ti.

2. ¿La web deja de funcionar si dejas de pagar algo?

Hay dos modelos muy distintos que se cuentan con las mismas palabras. En uno pagas una web y luego, opcionalmente, un mantenimiento. En el otro pagas una cuota sin la cual la web se apaga, porque vive en una plataforma de quien te la vendió. Los dos son legítimos; solo uno te deja marchar.

La pregunta exacta es: «si dejo de pagaros, ¿la web sigue publicada?». La respuesta debería ser una palabra.

3. ¿Cuántas páginas incluye y qué cuenta como página?

Casi todas las discusiones de alcance nacen aquí. Para unos, una sección larga dentro de la portada es una página; para otros, solo cuenta si tiene su propia dirección. Pide la lista de direcciones concretas. Si el presupuesto dice «web corporativa completa» y no enumera, el alcance lo decidirá quien facture.

4. ¿Quién escribe los textos?

Es la partida que más se recorta en silencio, porque es la que más horas lleva. Si nadie lo dice, se asume que los escribes tú, y el proyecto se queda parado esperándolos. Si te los escriben, pregunta si están incluidos para todas las páginas o solo para la portada.

Y si te dicen que los genera una herramienta: no pasa nada por que ayude, pasa mucho por que nadie los lea antes de publicarlos. Un texto sin revisar se nota, y lo nota tu cliente antes que Google.

5. ¿Está incluido lo legal?

Aviso legal, política de privacidad, política de cookies y el banner de consentimiento. No es decoración: la LSSI y el RGPD obligan a identificar al titular y a informar del tratamiento de datos, y el formulario de contacto es tratamiento de datos.

Pega mucho encontrarse webs recién estrenadas con la política de privacidad de otra empresa dentro, copiada tal cual. Léela: si aparece un nombre que no es el tuyo, ese presupuesto se ahorró una hora a tu costa.

  • Que las páginas legales lleven tus datos, no los de una plantilla
  • Que el banner permita rechazar, no solo aceptar
  • Que el formulario enlace la política de privacidad junto a la casilla

6. ¿Cómo carga en el móvil, con datos y sin wifi?

Pide la dirección de una web que ya hayan hecho y ábrela con el móvil fuera de casa. Es la prueba más honesta que existe y no requiere saber nada técnico: si tarda, tardará también la tuya.

Las herramientas de medición de Google dan una nota, y sirve para comparar, pero el dedo y la impaciencia son mejores jueces que un número.

7. ¿Qué pasa con las direcciones antiguas si ya tenías web?

Si tu web actual lleva años publicada, sus direcciones tienen visitas y enlaces. Estrenar web con direcciones nuevas y sin redirigir las viejas es la forma más rápida y más silenciosa de perder tráfico: nadie te avisa, simplemente deja de entrar gente.

La respuesta correcta es corta: «mantenemos las direcciones» o «las cambiamos y redirigimos las antiguas a las nuevas». Cualquier otra cosa merece una segunda pregunta.

Haznos las siete preguntas

Las respondemos por escrito en el presupuesto, antes de que tengas que decidir nada.